Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Sobre desarrollo y revoluciones: La sostenibilidad del transporte en las ciudades.

p6a.jpgHoy día todo el mundo desea tener un coche. Da igual si para ello, tienes que pedir un préstamo con una duración mayor a la vida útil del vehículo o incluso pedir una ampliación hipotecaria, caso mucho más grave porque desde el punto de vista financiero, un activo cuya vida es técnicamente corta, no puede ser financiado a través de un inmovilizado fijo como es el caso de una vivienda o una hipoteca. Es decir, cuando ya no sea útil el vehículo seguirás pagándolo durante muchos años más.

Sinceramente, no se porque deseamos tan ansiadamente un coche, si solo basta observar lo malhumorada que se pone la gente. Todos con prisas, todos deseosos de llegar antes que nadie y la solidaridad, el compañerismo, el civismo y la educación son valores que desaparecen en cuanto la mayoría de la gente arranca el coche. O por lo menos, eso es lo que observo cada vez que yo mismo conduzco, voy de pasajero o simplemente paseando por la calle.

¿Entonces porqué esa meta de comprarnos un vehículo? Vayas a donde vayas no hay aparcamiento, el coste de transporte es muy alto comparándolo con otros medios, el impacto medioambiental es altísimo, la contaminación acústica es de las peores que existen, ya que alteran y afectan al comportamiento de los seres vivos, y el ahorro de tiempo la mayoría de las veces es imperceptible.


La realidad es esta, y yo que soy un asiduo del transporte público (aún disponiendo de coche), observo mientras espero en las paradas, como el 95% de los coches que pasan van vacíos, es decir, solo va dentro el conductor. Sinceramente, esto es un desarrollo del transporte nada sostenible, caótico, desmedido y para nada eficiente.

Aumentar el número de vías o añadir más carriles, no soluciona los atascos. Buen ejemplo de ello, son las grandes autovías en horas punta, que puedes permanecer media hora para avanzar un kilómetro, cuando andando en media hora se recorre unos tres kilómetros.

La solución está en invertir en transporte colectivo. Como suena y no es ninguna utopía comunista ni mucho menos. A nadie le gusta tener que andar hasta la parada del autobús, hasta la estación de metro o de cercanías y mucho menos tener que esperar. Pero con una buena planificación y una gestión política pensadora y civilizada, seguro que realizando un pequeño esfuerzo en aumentar los carriles bicis, el número de líneas de autobuses, de metro, de cercanías, y aumentando sus paradas y frecuencias, muchas cosas en nuestra vida cambiaría.

Primero, tardaremos menos en esperar el autobús que en buscar aparcamiento. Segundo, muchas veces la distancia hasta la parada del autobús es menor que hasta donde está el coche aparcado. Tercero, se descongestionan las ciudades de vehículos (con las externalidades positivas que ello contrae). Cuarto, ahorramos dinero. Quinto, no calentamos el mal humor que generan los atascos y el no encontrar aparcamiento. Sexto, mucha gente utilizaría la bici (Holanda es el país con mayor número de bicletas por habitante, y el clima es bastante más lluvioso y frio que el nuestro). Septimo, la calidad del aire mejoraría. Octavo, aprovecharíamos el tiempo de desplazamiento para leer, conversar o incluso conocer gente. Nueve, disminuiríamos el estrés. Décimo, ahorraríamos tiempo.

He enumerado diez ventajas, seguro que pensando dos minutos más se me ocurren otras cuantas.

Tokio, es un ejemplo a seguir. En las horas punta, las principales líneas de metro tienen una frecuencia de menos de un minuto. Es decir, nunca pierdes el tren. Si uno está muy lleno, esperas un minuto y te montas en el siguiente. Esto consigue desalentar a que la gente utilice el coche, y en una ciudad de millones de desplazamientos diarios seguro que es de agradecer. En Londres, existe una polémica tasa que consiste en cobrar a aquellos coches por entrar en el centro. En los países nórdicos, existen leyes de urbanismo que dictan que en las nuevas construcciones, por cada x habitantes debe de existir para ellos una boca de metro cercana o un número de paradas de autobuses determinado. Y Francia a anunciado que dejará de construir más autovías y mejorará el transporte público interurbano.

Málaga, es una ciudad terriblemente retrasada en todos estos sentidos. Crecemos como no debemos hacerlo, ya no solo por la destrucción de litoral, sino porque no se planifica pensando en el futuro desplazamiento sostenible de las nuevas barriadas. La culpa no es de sus ciudadanos puesto que estos no son quienes autorizan las construcciones.

Cuenta con menos de cinco kilómetros de carril bici oscuro y abandonado, con un ayuntamiento que invierte en la construcción de aparcamientos de pago en el centro con eslóganes publicitarios tales como “el aparcar en el centro ya no es un problema”, con un proyecto de ampliación de la ronda de acceso a la ciudad, con un centro de ciudad lejos de dejar de ser una arteria principal para el tráfico, con una empresa de autobús público-privada con uno de los precios más altos de España (1€/billete, 20’50€/bono estudiante) y que en las horas punta la frecuencia mínima suele ser unos 12-15 minutos, y con un proyecto de creación de dos líneas de metro con un retraso incalculable, unos presupuestos de fin de obra que ya se sabe que se superaran con creces y que en la zona de la avenida Velázquez (Carretera Cádiz), está haciendo estragos entre los comercios.

La EMTSAM, que es así como se llama la empresa de transporte urbano de málaga, desalienta a su utilización con su política de precios altos y de poca frecuencia, para así poder llenar siempre los autobuses y transportar más pasajeros (más beneficio) con un menor coste. La culpa, del ayuntamiento.

Que las obras del metro comenzaran justo al día siguiente que nuestro alcalde fuera reelegido en las últimas municipales no fue una casualidad. Pese al coste que supondría retrasar las obras hasta después de los comicios, nuestro alcalde y su equipo de gobierno, que sabían que las obras en la Carretera Cádiz (vía importantísima de entrada y salida de miles de coches diarios de la ciudad) iban a ser un desastre. Al ser una de las zonas con mayor densidad de población de Europa, comenzar unas obras complicadas y sin los recursos necesarios en dicho sector de la ciudad podría llegar a suponer una pérdida importante de votos.

Yo estoy completamente a favor del metro, pero estoy en contra de esa estrategia electoral tan trapera. Puesto que todos sabemos que siempre un retraso en cualquier obra no hace otra cosa más que engordar los costes.

Otros de los errores, el no adaptar pasos a través de la obra. En estos momentos, cruzar de un lado de la carretera Cádiz a la otra a pie, es tarea complicada y peligrosa. Los escasos pasos habilitados, están llenos de boquetes, zonas con desniveles y máquinas y grúas transportando cargas y metales por encima de los viandantes. Las aceras que han dejado para andar a lo largo de la obra en rara ocasión superan los 2 metros de ancho, y con baches, y todo tipo de obstáculos para las personas minusválidas.

Los vecinos de todos numerosos bloques de viviendas a pie de obra deben de estar también más que cansados de ruidos y polvo.

Pero sin duda los grandes sacrificados del proyecto han sido los pequeños y medianos comercios. Ya nadie pasa por delante de ellos, ni cruza hacia el otro lado para acceder a ellos. Son ya decenas de estos comercios los que están cerrando o aguantando como pueden las pérdidas continuas. Es fácil ver en negocios de toda la vida carteles de “Negocio arruinado, motivo: la obra”. Como he dicho, cruzar de un lado a otro se hace lo menos posible, y son los pequeños comercios los primeros que salen mal parados de esta situación.

Sin embargo, el proyecto de construcción del metro de Málaga, incluye (aunque no definitivamente), la peatonalización de la carretera Cádiz.

Eso supone la primera medida importante en materia de eliminación de tráfico de la ciudad, es decir, de desalentar a la utilización del vehículo, en pro de la utilización del autobús y del futuro metro.

Ya se han cometido muchos errores en la construcción del metro, y quizás esa medida podría ayudar a olvidar algunos. Por ejemplo, los vecinos a pie de obra, verán reducido considerablemente el ruido del tráfico. La actividad comercial se fomentaría y el muro existente entre ambos lados de la Carretera Cádiz pasaría a la historia.

Así que solamente queda esperar, que el ayuntamiento se vuelque en dicho proyecto y con su publicidad, ya que es el primer proyecto serio de descongestión del tráfico en Málaga.

Hay que empezar a pensar en gestionar nuestra ciudad para el presente y para el futuro. Hay que reordenar y educar a la gente en temas de transporte público. Hay que comenzar a pensar en un transporte sostenible y eficiente. En definitiva, hay que construir una ciudad moderna con mayor calidad de vida y es ahí donde los atascos no tienen cabida.

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