Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

El Rebote Del Ladrillo

Corrían los años 90 y los españolitos, hartos de ser el culo del Europa, nos vimos con cuatro duros en los bolsillos, y nos sentimos de golpe y porrazo, los dueños del tablao. Había que hacer algo con tales ingresos, y es que con esto de que el dinero llama al dinero, la avaricia pronto se torna el timón de nuestros impulsos. Pero no sólo interesaba tener más, la cuestión, era conseguirlo en poco tiempo y sin mover un dedo, que en eso si que somos expertos por aquí.

Ante tal circunstancia comenzaron a sonar trompetas sobre un nuevo “Boom”, que estaba reestructurando la manera de concebir la economía. Corría la voz de que las fortísimas inversiones necesarias para la generación de un complejo industrial eran ecos del pasado. Ahora, a los gobiernos e inversores privados, se les hacia la boca agua al oír hablar del peso pesado del “inflamiento” (que no crecimiento) económico: La Construcción.

El Problema, es que la diferencia entre ambos términos es prácticamente invisible a corto plazo, y desgraciadamente, tratamos agentes bastante miopes a larga distancia. Miopes porque a los políticos les encantan las cifras, cifras que inflan a su antojo como colchonetas, y de las que presumen en campaña a modo de porcentaje. Políticos a los que sinceramente, lo que nos venga encima al pueblo dentro de una par de décadas, más bien prefieren ignorarlo  y que lo repare a quien le toque. Miopes porque en un país donde premia la “cultura del pelotazo”, sumergido en una democracia inmadura, las heridas del futuro se maquillan con billetes del presente.

¡Y comieron perdices! Y a ver quien se atrevía a decir que no, que aquella no era la forma de generar bienestar social, que no tardaban en saltarte con el cuento de Marbella, y de como Jesús Gil había transformado un pueblecito de pescadores en la nueva capital del lujo.

Y así nació la epidemia de la vertiente más absurda del capitalismo liberal. Donde los ayuntamientos se taparon los ojos y pusieron la mano, dispuestos a recibir cualquier soborno, pecuniario o en especies, de los innumerables constructores surgidos de la nada. Donde las legislaciones fueron nulas, tanto en materia de regulación de precios (¡viva la oferta-demanda!), como en la concesión de permisos de obra. Se otorgaron miles de permisos que más que turbios fueron opacos. Bastaba con hacer un chalet de más sobre suelo protegido y colocar sobre el buzón el nombre del funcionario corrupto de turno.

¡Pero es que crean empleo! Y razón que llevaban, muchísimo empleo de trabajadores jóvenes, dispuestos a volcar su vida por la constructora que comprara su sudor con el menos precario de los empleos ofertados, frente a lo cual como no, nadie abrió la boca en contra. Nos encontramos con empresas que prometían el oro y el moro a cualquier chaval de 16 años, para el que el salario mínimo triplicaba la paga de papá. Así que se creó empleo. E incluso se fichó algún que otro universitario con dotes para el sector servicio a cambio de machacar sus salarios y condiciones laborales hasta hacerlas papilla. Pero los pero no desinflaban las cifras electorales. ¡El PIB crecía!, ¿que hay mejor que eso?, predicaban en televisión…

Con este articulo, tan sólo aspiro a que todo aquel que le eche un vistazo, sencillamente reflexione, sobre cuales están siendo, y han sido durante todos estos años, las consecuencias de la penosa gestión gubernamental de la construcción en nuestro país. Puedo llegar a “comprender” que a todos aquellos emprendedores privados les interesase poco o nada el mañana de la nación, pero me resulta hiriente, observar como candidatura tras candidatura, ningún cargo político gritara basta a esta barbarie. Barbarie por la que se ha destrozado la estructura económica de un país que comienza a tambalearse seriamente frente a la Caída del ladrillo.

Comunidades autónomas como Andalucía y Cataluña (al igual que toda España), se ven hoy lastradas por la caída de la construcción y sustentada por el sector servicios, el crecimiento de las comunidades se está desacelerando. De acuerdo con las previsiones estadísticas del INE, este año el PIB catalán crecerá el 2,7%, un punto porcentual menos que en 2007. El sector inmobiliario y la construcción dejarán atrás definitivamente la época de bonanza y se enfrentarán a una caída del 0,4%, mientras que la industria no será capaz de aguantar las tasas de crecimiento de los últimos dos años.

El Problema de aventurarse en la ya nombrada “Cultura del Pelotazo”, es decir, de apostar por un sector volátil y vacilante como el de la construcción, es que es muy sencillo pasarse de rosca inflando la economía, y explotarla. ¿Y con qué nos quedamos cuando hacemos dinero del aire, y no de la generación de riqueza con vistas al futuro?, pues con cara de tontos, y la cartera vacía. Por comentar algunas consecuencias:

1) El abandono de la inversión en industria, hace imposible que esta compense la caída del ladrillo. Este año el sector industrial sólo crecerá el 0,8%, frente al 2,3% de 2007.

2) La desaceleración empujará al paro a muchísimos trabajadores. Y no especulo, me baso en datos: En 2005 en Cataluña (como reflejo además de toda España) se tocó techo con 176.000 nuevos puestos de trabajo. El año pasado la cifra ya se rebajó hasta 88.000, y para 2008 se prevé que sean 24.000.

3) El consumo de los hogares, además, se modera. Reflejo inherente a la reducción de la renta disponible por habitante. En 2007 ya se suavizó el gasto de las familias. Esta desaceleración seguirá este año. El consumo de los hogares subirá el 2,5%, dos puntos menos que en 2005.

La caída del ladrillo y su rebote deja una vez más a España en el filo del abismo. Y lo que más repulsión y hastío me da, es que como siempre, quienes se quedan en la calle no son los políticos que se taparon los ojos, ni los impúdicos especuladores que llenaron sus billeteras, sino los trabajadores que se levantan cada día para sobrevivir a esta absurda certeza que llaman sociedad.

Un abrazo, y hasta pronto.

Manuel J. Ordóñez Ruiz

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