Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Guía para comprender el sistema electoral español

EleccionesDebido a que existe un gran desconocimiento acerca del funcionamiento de las instituciones democráticas en este país, desde la asociación Estudiantes por una Economía Crítica de Málaga, hemos elaborado una pequeña guía-resumen que nos servirá para comprender, y asimismo también juzgar, el sistema electoral español.

España tiene un sistema parlamentario, lo que significa que tiene un Jefe de Estado y un Jefe de Gobierno claramente diferenciados. En los sistemas parlamentarios, el Jefe de Estado tiene un poder testimonial, y suele ejercer principalmente las funciones de representación; el Jefe de Gobierno, sin embargo, adquiere la mayor parte del poder, y tiene como función fundamental tomar las decisiones importantes del país. España, en particular, como decisión pactada durante la transición, y respetando así la voluntad del dictador Franco, es además una monarquía.Por lo tanto, el Jefe de Estado en nuestro país es el rey, actualmente Juan Carlos I, y la sucesión en el cargo es hederitaria y no democrática. En cambio, el Jefe de Gobierno, actualmente Zapatero, sí será elegido mediante un sistema democrático indirecto. Y es indirecto porque los ciudadanos no eligen al que será presidente de Gobierno, sino a los representantes del Congreso, que serán quienes luego propongan al presidente.

España es un sistema político bicameral, es decir, con dos cámaras de representantes. La cámara baja, o Congreso, y la cámara alta, o Senado. En España, el órgano realmente es importante es el Congreso, pues será allí donde se dictaminen la mayoría de leyes y se debata con mayor repercusión acerca de los problemas fundamentales del país. El Senado, no obstante, tiene capacidad para vetar o enmendar las leyes que se establecen en el Congreso, pero para evitar los bloqueos legislativos esta capacidad no es decisiva ni vinculante.

El sistema electoral es el procedimiento a través del cual los votos se convierten en representantes en las cámaras. En muy pocos países del mundo se utiliza un sistema proporcional, que significa hacer depender el porcentaje de representación parlamentaria del porcentaje de votos recibidos. Es decir, una persona = un voto. Esta es, no obstante, la idea ingenua que suelen tener los ciudadanos de la democracia moderna: los votos tienen todos el mismo valor. Sin embargo, la realidad es que no sucede así.

En España, por ejemplo, se utiliza una división por circunscripciones y un método matemático, llamado Ley D’Hont, para repartir los representantes dentro de cada circunscripción.

Una circunscripción es una división electoral en el interior del país. En España cada provincia es una circunscripción, y también lo son las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla. A cada circunscripción le corresponde un número determinado de representantes por ley, y otros tantos en función de la población.

Cuando existen circunscripciones, los ciudadanos votan a sus representantes en cada circunscripción y no, como se suele pensar erróneamente, a los candidatos para presidente de gobierno del país. En Málaga no se vota por Zapatero, Rajoy o Llamazares, sino por las listas que cada partido político presenta en esa provincia.

Las listas al Congreso son cerradas, es decir, uno vota al partido político y no a las personas, en sí mismas, que lo forman. El orden en las listas lo determinan los propios partidos políticos, y los ciudadanos no pueden alterarlo. Las listas al Senado, en cambio, son abiertas, lo que significa que los ciudadanos votan a las personas que quieren, con independencia del partido del que formen parte. En el Senado es posible votar por varias personas de partidos diferentes.

El reparto de los representantes dentro de cada circunscripción se hace mediante un método matemático llamado Ley D’Hont, que está pensado para penalizar a los partidos minoritarios. No es un sistema proporcional, de modo que tener el 10% de los votos no garantiza obtener el 10% de los representantes, por ejemplo. El resultado final dependerá del número de votos totales, del umbral establecido y de los votos otorgados a otras formaciones políticas.

Veamos un ejemplo en nuestra provincia. Para el Congreso, a la circunscripción de Málaga le correspondió en las pasadas elecciones de 2004 un total de 10 representantes. Esos representantes se los disputaron un total de 20 partidos políticos. El PSOE consiguió un 49′72% de los votos, el PP un 36′45%, IU un 6′39%, el PA un 4,40% y las demás formaciones recibieron el resto.

Aplicada la Ley D’Hont, el resultado fue el siguiente: PSOE con 6 diputados y PP con 4 diputados. Como se observa, los votos que recibieron las otras formaciones no tuvieron correspondencia alguna en los representantes electos, y se perdieron en el vacío. Lo mismo sucedió en el resto de provincias de España.

La consecuencia global es, en realidad, sumamente dramática. Partidos que en total suman un mayor número de votos acaban teniendo menor representación que otros con un menor respaldo electoral. Veamos, con ayuda de un gráfico extraído del blog de La Mirada del Mendigo, la diferencia entre la existencia de varias circunscripciones y la existencia de una única circunscripción. Es decir, compararemos el actual sistema español con un hipotético sistema democrático de una única circunscripción y que respetara la máxima de una persona = un voto.

(Hacer click en la imagen para verla en grande)

Tabla electoral

Como se puede comprobar, con el actual sistema electoral salen beneficiados los dos grandes partidos de ámbito nacional, es decir, PP y PSOE. En cambio, el más perjudicado es, por mucho, Izquierda Unida. Cada diputado de la formación de Llamazares está respaldado por 256.816 votantes, mientras que los del PSOE únicamente por 67.233 votantes. Observad que el Partido Popular tiene el 42′29% de los diputados, mientras que recibió únicamente el 37′71% de los votos.

Otro fenómeno que salta a la vista es la debilidad representativa de Izquierda Unida en comparación con otros partidos minoritarios. Mientras que IU recibió tres veces más votos que el PNV, tiene dos diputados menos como representación.

En definitiva, si el voto de cada español valiese lo mismo, el Partido Popular tendría que tener diez diputados menos, el Partido Socialista nueve menos, el PNV uno menos, ERC y BNG uno más cada uno, CIU dos más, PA tres más, e Izquierda Unida trece diputados más.

Sin embargo, y pese a la evidencia empírica que corrobora que este sistema es profundamente antidemocrático, ninguno de los dos grandes partidos (PP y PSOE) están dispuestos a cambiar la ley. ¿Casualidad?

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