Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Llegó la jornada de reflexión

A las doce de esta medianoche, se acaba (para el bien de unos y el mal de otros) la última jornada electoral, y tras la reflexión sábatica tendremos al fin el esperado domingo electoral. ¿Pero qué gusto ha dejado en los paladares esta lucha por el poder de la Moncloa?

Se ha escuchado de todo: tensión, crispación, propuestas al más puro estilo de las subastas de Ebay… pero si hay algo que destacar desde aquí, los ojos de una inconformista, es la consagración del bipartidismo. Confío y espero que el Domingo la grandes masas se manifiesten en paz con la simple acción de ir a votar a las urnas, porque tenemos ese derecho y esa obligación, votemos a lo que votemos. Durante años se nos impidió esta acción y ahora hay que engalanarla. Pero, ¿cuántos votarán con plena convicción a ese partido en el que realmente depositan su confianza? Y para el que no me siga, preguntaré con más claridad: ¿quién hará voto útil y quién se arriesgará a que su voto quede en el olvido? Que tire la primera piedra el que esté libre de pecado…

Es una realidad global, y no única de los atraídos por estos temas, que en España hay partidos de todos los colores y gustos: liberales, conservadores, centristas, extremistas, ecologistas, propuestistas… y sólo dos alcanzan el poder, tanto por ser quiénes gobiernan como por ser la única oposición que parece tener derecho a serlo. Esto es así gracias al sistema electoral que tenemos en España: la Ley D’Hont (y que, gracias a las geniales explicaciones expuestas recientemente en Economía Crítica, y anteriormente en el blog de Eduardo, podeis comprender aquellos que no hayan oído antes esto), el cual conlleva ciertas marginaciones matemáticas, y por ello reales, en el reparto de escaños.

Claro está, esto puede llevar a dilemas personales, morales y/o sociales. ¿Por qué? Porque en este asunto hay un círculo vicioso de gran cuantía: ¿Tengo que dejar que mi voto se vaya al traste y votar por lo más cercano a mis ideales con tal de que no gane lo más contrario a ellos? Lo casi utópico y bucólico sería decir que no, porque si todos deshecháramos el voto útil, conseguiriamos más, ¿pero quién será el primero que lleve al rebaño a buen puerto? Y mientras las masas “utilistas” no se convenzan de votar con determinación, ¿tiene valía mi voto? Pues sí lo tiene o nolo tiene; cada cuál con sus propósitos.

Yo puedo invitar a todos a que voten lo que quieran votar y no se amedrenten al hacerlo a un partido minoritario si son ellos quienes llevan la voz de su pensamiento individual. ¿Pero debemos apedrear a los que tienen otro pensamiento más cercano a la utilidad? Ciudadanos, votad lo que querais votar, sea lo que sea. Con respeto al prójimo, todo es viable en este país, o al menos en mi propia conciencia. Pero si bien el sistema ha llevado el sistema electoral a caminos inhóspitos, que no nos quiten el derecho que un día recuperamos, que no nos quiten el derecho al voto.

Leave a Response