Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

¡España se rompe! ¡España se rompe!

Ah, ¿si? El grito de guerra usado por algunos de los sectores de la derecha me resulta poco creíble. En 1812, cuando se promulgó nuestra querida “Pepa”, ya se dejaba entrever un cierto grado de descentralización (y digo descentralización, que no ruptura) y fue aumentando conforme pasaron los años. En nuestra actual Constitución se denomina a España como un “Estado de Autonomías”, es decir, se reconoce que un vasco posee grandes diferencias (culturales, sociales…) con un andaluz, con un gallego o con un catalán por nombrar algunas regiones.

Y ante semejante cantinela me pregunto ¿acaso Alemania está rota? ¿y Suiza? Podría citar una larga lista de países (la mayoría de los de Norte América, algunos de América del Sur, varios europeos, China, Australia, entre otros muchos) cuyas regiones gozan de cierto grado de libertad y, sin embargo, no parece que vayan a desmembrarse.

Aquí, en España, a pesar de las críticas y las voces catastrofistas, la derecha (representada por el Partido Popular) pactó varios de los estatutos de autonomía (el andaluz y el valenciano por nombrar algunos) y, sin embargo, siguen manifestando que las políticas de descentralización nos llevan a la destrucción de España. Señores, fueron ustedes quienes apoyaron dichos estatutos, dejémonos de demagogia y de crear tensiones y trabajemos para que cada español se sienta orgulloso de su país. 

La descentralización no es independencia, no nos confundamos. No apoyo ni defiendo, es más, rechazo y condeno, las demandas de autodeterminación por medio del terror y la barbarie y ni siquiera comprendo las que se realizan por medios diplomáticos, pero, tal y como dice el filósofo y politólogo Philip Pettit, “si una comunidad entera llegase a sentirse alienada por un Gobierno Central, no podemos pensar que no tiene ningún derecho y que el Gobierno debe insistir simplemente en mantener el status quo”. Las comunidades políticas se encuentran en constante cambio, debemos ser un poco comprensivos con la situación actual e histórica de nuestra nación y aceptar que, aunque no seamos un Estado federal, debemos dejar a un lado la idea de un Gobierno unitario para conformar así una solución particular al sentimiento español.

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