Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Wolfowitz, halcón de Bush, dueño y señor del Banco Mundial

Algunos medios de la prensa de los Estados Unidos han desatado la alarma por una nueva revelación: el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, mantiene en la nómina de la entidad a su novia, que dejó hace tiempo de trabajar para el organismo internacional y percibe, además, un impresionante sueldo en el Departamento de Estado del Gobierno de los EEUU.

Lo que podría ser una simple anécdota, ha supuesto un tremendo escándalo en la prensa norteamericana y, a su vez, lleva a plantearnos el desconocimiento que tenemos de los tejemanejes que existen en los principales organismos internacionales como pueden ser, entre otros, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio, que rigen, en gran parte, el funcionamiento de nuestro mundo globalizado.

¿Terminar con la pobreza?
Concebidos tras la gran catástrofe de la Segunda Guerra Mundial como órganos anejos a la ONU, que tratarían de reducir o hacer desaparecer la pobreza en el mundo, estas instituciones priman las leyes del mercado por encima de cualquier reivindicación, así como las privatizaciones y la eliminación de todo obstáculo al comercio internacional. Los resultados no son siempre satisfactorios para los más pobres.

Élite de profesionales

Pero lo que también representan estas instituciones, en este caso el Banco Mundial, es una suculenta élite de profesionales, cuyas relaciones pueden llegar a sorprendernos. No podemos tachar de casual el hecho de que la ministra exterior del Gobierno Aznar que apoyó la Guerra de Irak, Ana Palacio, sea ahora vicepresidenta de esta institución. Como jefe de la ex ministra española figura Wolfowitz, el principal ideólogo de la Guerra que apoyó Aznar. ¿Casualidades? Difíciles en puestos tan altos.

Un neocon en toda regla
El caso de Wolfowitz, un acreditado halcón, es paradigmático, dentro de lo que se ha venido a denominar el movimiento neoconservador o neocon. Con una formación intelectual impresionante, Wolfowitz, en un imparable tándem con el apodado “Príncipe de las tinieblas”, Richard Perle, fue uno de los responsables de la radicalización del ya derechista gobierno Reagan. Terminada la Guerra Fría, el excedente militar (ya no había confrontación de grandes bloques) debería ser reinvertido en nuevas causas: Oriente Medio –nutrido de petróleo- se convirtió en el nuevo objetivo para este intelectual de la derecha: había que democratizar muchos países…

Sharon, Jabotinsky, Mussolini…
A esta estrategia militar, tenemos que añadir la posición de sionista convencido de Wolfowitz: hijo de judíos polacos inmigrantes a los EEUU, coincide en sus posiciones sionistas con su íntimo amigo Perle, que fue, en su momento, muy cercano a Ariel Sharon. No en vano, el movimiento neoconservador que agrupa a estos intelectuales rinde pleitesía a uno de los ideólogos de la extrema derecha sionista, Vladimir Jabotinsky, a su vez, cercano al pensamiento de Mussolini. Todo un cóctel explosivo.

Magnífica retirada
Manifiesto el fracaso de la coalición en Irak, la Administración Bush, en claro retroceso tras los sondeos, decidió depurar responsabilidades y eliminar de la circulación a personajes poco populares desde entonces. Fue en ese momento cuando Wolfowitz recibió un cómodo puesto en el Banco Mundial, nada más y nada menos que la presidencia del organismo. Bien pagado, aunque este inteligente funcionario no sepa reinvertirlo en buenos calcetines, como informó, no sin algo de sorna, en su día, elplural.com.

¿Corrupción?
A este respecto, la noticia que los medios de prensa norteamericanos han querido airear estos días cobra mayor relevancia, ya que muestra los enormes beneficios que se pueden obtener con buenos contactos en el mundo neoconservador. The Washington Post, entre otros diarios, ha denunciado el caso de Shaha Ali Riza, actual novia del director del Banco Mundial, que, a raíz de su relación con ésta, destinó a su compañera a un puesto importante en el Departamento de Estado, no sin antes ascenderla a puestos directivos dentro del organismo internacional, por lo que ahora estaría percibiendo dos salarios, cobrando más dinero que la propia secretaria de Estado, Condoleeza Rize.

En manos de unos pocos

El caso Riza representa nada más que la punta del iceberg. Los principales entes internacionales mezclan ya entre sus dirigentes a importantes sectores de la política, la empresa privada y la industria armamentística, todos coincidentes en su ideología y objetivos. ¿Qué objetividad puede esperarse de estas familias? ¿Quién controla a los que deciden?

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