Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

La Banca y el Gobierno. ¿Quién sirve a quién?

Repasemos los últimos acontecimientos de una forma rápida y directa:

En agosto de 2007 se empieza a vislumbrar una crisis de imprevistas consecuencias originada en Estados Unidos, concretamente en el sector financiero debido fundamentalmente a la actividad de las hipotecas basura, y por ende, a la especulación y a la avaricia financiera. La banca estadounidense la culpable, pero no la única. Poco a poco el problema se va trasladando a los bancos europeos, dejando a la vista quiénes se habían implicado más y quiénes menos en el juego del casino financiero.
La falta de liquidez de los bancos es preocupante, y acaba en ocasiones con quiebras y graves faltas de pagos. Problemas que son solventados por los gobiernos estatales, a través de fondos públicos y nacionalizaciones bancarias. La economía financiera guarda una estrecha vinculación con la economía real, y los Estados no pueden permitirse el derrumbe del sistema bancario, pues de él depende el correcto funcionamiento de la economía del país.

El sector financiero es un pilar básico en la economía, qué duda cabe. Tal vez por ello sería una buena idea que fuese un sector bien vigilado y administrado por los gobiernos nacionales, para asegurar su buen funcionamiento dentro de un marco regulado y compenetrado con el resto de actividades económicas; y no  un sector con gestión aparte enfocada únicamente a maximizar beneficios en un mercado nacional e internacional sin preocuparle lo más mínimo que su actividad se dirija hacia actividades especulativas en vez de hacia actividades productivas.

La banca española, sin embargo, parece menos afectada que el resto de bancas europeas gracias a una serie de medidas tomadas por el Banco de España. Unas medidas que, aunque insuficientes, lograron reducir riesgos y asegurar depósitos en cierta mesura.

Pero la crisis se ha propagado a la economía real con sus graves consecuencias: pérdida de confianza, reducción del consumo, reducción de ofertas crediticias, quiebra de empresas (aunque habría que preguntarse si algunas son deslocalizaciones aprovechando la coyuntura económica como excusa), aumento del desempleo, agitaciones sociales, etc.

Como respuesta a la situación, el Gobierno español decide fomentar el crédito a las familias y medianas empresas (mayores perjudicados por la falta de crédito) y así lograr un repunte de la actividad económica; pero en vez de suministrar los fondos directamente a sus beneficiarios, decide facilitar la ingente cantidad de recursos públicos (50.000 millones de euros) a los bancos españoles para que estos a su vez se lo entreguen a los que lo pidan, con un interés añadido que les permitirá obtener beneficios a partir del dinero de los contribuyentes. Una acción muy loable, como se puede observar.

Pero eso no es todo.

Los bancos no se encuentran en la espléndida situación en la que se encontraban hace unos meses, así que antes de arriesgarse a conceder préstamos a personas que quizás no los puedan devolver, prefieren emplear una cantidad importante en restaurar sus balances. Desde luego, no tienen ninguna vergüenza.

Al reflejarse en la sociedad que los créditos no están llegando a las familias ni a las medianas empresas, el Gobierno reacciona. ¿Y qué hace? ¿Le ordena a los bancos que concedan los préstamos? No. Se lo “pide por favor”. Les “ruega”, les “insta”, les “pide”, les “recuerda”. Parece que a nuestro presidente se le ha olvidado quién fue elegido para gobernar el país; se le ha olvidado quién tiene (o debería tener) el poder.

No obstante, poco a poco el gobierno ha cambiado su discurso, y presionado por las circunstancias, comienza a decir “que se le está acabando la paciencia”. A lo que la banca responde, con Emilio Botín a la cabeza, que sería “irresponsable” conceder créditos en época de crisis.

Esta situación está dejando al descubierto quién sirve a quién, y esta vez de una forma límpida y evidente. El dinero de los ciudadanos está siendo utilizado para solucionar los problemas de una banca que no piensa en otra cosa que en sus beneficios, y el Estado está siendo el principal autor de este atropello. Es totalmente vergonzoso y despreciable que esto ocurra y que ocurra con la pasividad de la mayor parte de los agentes sociales, sobretodo con la de los sindicatos. El ciudadano ha elegido a su gobierno para que ostente el poder y sirva a los intereses del pueblo; pero las circunstancias nos están revelando que no es al pueblo a quien está sirviendo el Gobierno español actual.

Leave a Response