Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Dimensión ecológica

medio-ambienteLa problemática de los efectos medioambientales está hoy en día en primer plano en los medios de comunicación y en la calle, lugares estos donde prácticamente todas las personas debaten al respecto con independencia de sus conocimientos sobre el tema. Sin embargo, y a pesar de que la actividad productiva siempre ha estado vinculada al medio natural, esta es una cuestión relativamente nueva que emergió con fuerza en los años de mayor crecimiento económico de la economía mundial. No en vano, fueron en estos años cuando mayor importancia tuvo el ser humano a la hora de reconfigurar, directa o indirectamente, el medio natural.

Los economistas también habían ignorado durante muchos años los efectos que sobre el medio ambiente tiene la actividad económica, y ha sido sólo recientemente cuando han comenzado a tener en cuenta todo ello, bien complementando sus modelos o bien construyendo discursos de diferente naturaleza.

J. M. Naredo describe en su “La Economía en Evolución” cómo se produce el desplazamiento ideológico en la ciencia económica a lo largo de la historia de la economía, concluyendo que es a partir de los clásicos cuando los autores que escribían sobre la actividad económica abandonan la preocupación por la relación existente entre ésta y el medio natural en el que se inserta. Desde ese momento el mero crecimiento económico se convierte en la prioridad fundamental, casi de una forma dogmática y prácticamente nunca puesta en duda. Y algo más tarde se construirían los indicadores que como el PIB servirán para validar las políticas económicas llevadas a cabo por los economistas.

Sin embargo, cuando los efectos medioambientales de ese mismo crecimiento económico, como el cambio climático, son revelados por la comunidad científica surgen entonces críticas profundas al modo de proceder de los economistas. Se acusa a éstos, por lo general, de ignorar las consecuencias presentes y futuras que sobre la naturaleza en su conjunto tienen sus recomendaciones.

A partir de ese momento las instituciones internacionales, la comunidad científica, las organizaciones políticas y la sociedad civil comienzan a elaborar trabajos e informes que estudian y describen la relación que existe entre la actividad productiva y el deterioro ambiental. Trabajos que incluyen en muchas de las ocasiones atrevidas predicciones que son en muchos de los casos realmente dramáticas.

Así, mientras que los informes institucionales más cercanos a las teorías económicas convencionales, prediciendo un futuro de peor calidad pero de igual dimensión cualitativa, apuestan por fórmulas de acción muy limitadas y concretas, los trabajos más cercanos al ecologismo radical apuestan por medidas de choque, mucho más duras y globales, a fin de evitar un terrible futuro .

Habría que añadir también que este renacer crítico de las reivindicaciones ecologistas parecería venir acompañado de un cambio en las formas de hacer política en los países desarrollados. El progresivo desprestigio de la izquierda política clásica, heredera de los planteamientos marxistas (y, por tanto, también clásicos), y de sus propuestas económicas, podría haber dispersado su base social hacia distintas problemáticas políticas muy concretas. De esa forma, el movimiento ecologista se habría nutrido de parte de esa diáspora y en consecuencia se habría fortalecido de forma importante. Esto podría ayudar a explicar también la proliferación de organizaciones ecologistas con un fuerte componente político.

A pesar de esta nueva percepción del fenómeno ambiental, los economistas convencionales, esto es, aquellos que arrastran el legado metodológico positivista y que modelizan bajo supuestos ficticios y una no menos cuestionable pero seria fe en el mercado, mantienen el núcleo de su análisis en el crecimiento económico. Sin embargo, recientemente también complementan sus análisis con aspectos que tienen que ver con el medio ambiente, lo que ha dado lugar a una rama de la economía convencional denominada “Economía Ambiental”.

Dentro de las escuelas heterodoxas de economía también han surgido nuevas preocupaciones por el medio ambiente. No obstante, desde la mayoría de ellas, como el marxismo, de nuevo dichas preocupaciones se han materializado en forma de complementos al modelo y no, como tal vez parecería sensato, ayudando a construir nuevos modelos o discursos. Sin embargo, autores asociados a otras escuelas sí han comenzado a poner el acento en el aspecto ecológico y han dado la vuelta así al modo convencional de analizar los fenómenos económicos. Es el caso de los autores que postulan el decrecimiento económico o que desde posturas ecologistas radicales y más generalmente consideran que el sistema económico debe subordinarse en la práctica al sistema natural que le sirve de base.

Tal vez podamos explicar esta divergencia entre las escuelas heterodoxas a partir de la comprensión de que las diversas problemáticas que analizan subsisten complementaria pero independientemente. El deterioro del medio ambiente producido por la actividad económica es una cuestión técnica que se materializa con independencia de la forma en la que se constituyen las clases sociales dentro del sistema económico. Esto quiere decir que incluso en una sociedad capitalista más igualitaria, pero que funcione bajo la misma lógica, el proceso de deterioro seguiría avanzando irremediablemente. De la misma forma, un sistema económico respetuoso o incluso subordinado al medio ambiente podría seguir manteniendo relaciones de desigualdad muy acusadas.

El problema también reside en que los procesos de redistribución están asociados necesariamente, dentro del capitalismo, a procesos de crecimiento económico. Esto supone un posible nexo entre una mayor redistribución y un mayor deterioro del medio ambiente. Y si renunciamos, como hacen los autores del decrecimiento, a la posibilidad de continuar la senda del mayor crecimiento económico sin seguir perjudicando al medio ambiente, tenemos que aceptar que la complementariedad de las escuelas centradas en la cuestión medioambiental y las escuelas centradas en la redistribución sólo puede darse en un marco de reconocida crítica al capitalismo.

Sin duda la labor de los economistas no puede ser limitarse a calcular óptimos y costes de oportunidad, como si estos operaran en el vacío. Los economistas deben tener presente en qué marcos funcionan sus políticas y las restricciones que estos imponen. Por lo tanto, proponer políticas económicas que sólo tengan presente el corto plazo sin atender a sus consecuencias a más largo plazo es un error que la sociedad puede pagar caro. De la misma forma resulta una muestra de irresponsabilidad dejar la organización de la sociedad en manos del mercado, cuya lógica de funcionamiento ignora no sólo lo que no es monetario sino también aquello que supera los espacios de tiempo necesarios para lograr la rentabilidad.

Las soluciones planteadas por los economistas convencionales son más bien parches para que sus modelos no fuesen acusados de aún más falta de realismo. Han tenido que aceptar la realidad, pero recortándola y manipulándola a fin de que pudiese ser inserta en sus modelos. Y precisamente por este modo de hacerlo, dicha “realidad” ha perdido realismo.

En consecuencia, creo que la búsqueda de los economistas debe centrarse en la consecución de un sistema económico justo, igualitario y que acepte estar integrado en el sistema natural, con todo lo que ello conlleva. Eso puede suponer en la práctica cambiar los modelos productivos: acercando los centros de producción a los de consumo, reduciendo el gasto energético en todos los niveles, apostando por la energía solar, renunciando al crecimiento económico como fin y tomándolo, ajustado por las restricciones, como medio para otros fines más amplios.

Bibliografía:

NAREDO, J.M. (2003): “La Economía en Evolución”, Siglo XXI, Madrid.

SEMPERE, J. y TELLO, E. (2008): “El final de la era del petróleo barato”, Icaria, Barcelona.

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