Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Y Ahora, nos toca despertar

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La historia de las civilizaciones, es la historia de la lucha de clases.

Bastaron estas 13 palabras para simplificar, de manera sublime, cada una de las acciones fundamentales que han configurado el paso de nuestra especie por este planeta. Y es que, al fin y al cabo, cada una de las gargantas que gritaron libertad (u opresión), cada uno de los índices que señalaron el camino del avance (o del retraso), cada una de las letras que constituyeron, a su vez, cada uno de los manifiestos escritos, están marcadas por un sentimiento común mucho más preciso y profundo que el que sus propios autores trataron de argumentar, el sentimiento de clase.

Es ese y no otro, el sentimiento que genera la ruptura inmediata del individualismo, y que hace a cada cual sentirse parte de un todo abstracto bastante más complejo y compacto de lo que podemos suponer. Esa identificación que nos hace vernos reflejados en actos conjuntos, y que configura el motor del progreso comunitario. Porque una gota es inapreciable si se vierte en un vaso vacío, pero lo puede llegar a bosar, si le acompañan las suficientes

.

Sin embargo, y a pesar de lo evidente del razonamiento anterior, cada día tienen más peso las teorías que tratan de defender a ultranza postulados antónimos a la certeza de que el ser human

o está socialmente incapacitado, para luchar por sus intereses sin el refuerzo de sus iguales. Teorías que comienzan a causar estragos en todo ese proceso de identificación de clase mencionado, que enajenan a las mayorías, desfigurando su percepción cooperativista, y teorías que al fin y al cabo, únicamente pueden beneficiar a sujetos que gocen de un posicionamiento privilegiado en términos de negociación.

¿Consecuencias de todo esto? Pues que no consigo recordar ni un instante de nuestra historia en el que los individuos no terminaran identificándose (al menos de manera indirecta) con una clase social concreta, no consigo recordarlo, hasta que mis recuerdos se topan con la actualidad.

Sí, está claro que todos y cada uno de nosotros nos sentimos parte de un grupo en concreto, todos alardeamos ser estudiantes de tal, o pertenecer al equipo de cual, todos nos identificamos con determinados grupos sociales. Pero sin embargo, no somos capaces de despertar ante las injusticias

que el sistema comete en nuestro entorno socioeconómico más directo, nos mantenemos ajenos a una barbarie sofisticada, una clase?, pues qu

e los beneficiados saben de sobra que es imposible que el vaso se sacie, mientras las gotas permanezcan dispersas.

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Y es ahí donde aparecemos todos y cada uno de nosotros, donde aparecemos y exclamamos basta a todo lo que está aconteciendo. Es ahora cuando hemos de defender todo lo que nuestros antepasados lograron, y cuando hemos de darnos cuenta de que bajo toda esa verborrea académica de eficiencia y maximización, se ocultan intereses económicos muy concretos, intereses de una clase social ajena a la de la mayoría de la población, una clase que maquilla sus ideales y los formaliza matemáticamente

para que nosotros, que nos mantenemos adormecidos al respecto, los memoricemos como certezas impecables.

Es una aberración que los estudiantes reproduzcan frases como “La única solución a la crisis es flexibilizar el mercado de trabajo”, sólo porque algún profesor la vomitara en un aula, sin razonar que esa medida no es más que un ataque directo a sus intereses, y a los intereses de todos aquellos que tras unos veinticinco años de formación estamos a punto aparecer en uno de los mercados laborales más fragmentados de todo el siglo.

Estamos avanzando hacia la globalización de nuestros posicionamientos ideológicos. O más bien dicho, nos están forzando a av

anzar en esa dirección. Y no basta con entonar un “mea culpa” al respecto, es necesario contextualizar de la manera más crítica posible esta situación. Basta con hurgar y cuestionarse todo lo que nos afirman, porque una evidencia no es tal por el mero hecho de que así la hagan llamar, porque las atrocidades siguen existiendo, aunque estallen en el sur, y porque tenemos el deber de sentirnos parte de nuestra clase, el deber de analizar la información que se nos cruza para así poder juzgarla, y formalizar una respuesta acorde con nuestros hábitos.

roto_02jpg1La crisis que nosotros estamos sufriendo, mana de la avaricia de todos aquellos que a lo largo de estos años se hacían llamar expertos en nuestra materia. Las respuestas que nuestro gobierno electo está dando, se han desvinculado de su ideología de origen. La desigualdad visible que hace un siglo convivía en nuestras ciudades, sobrevive camuflada en el otro extremo de nuestro planeta. Si no nos paramos a analizar nuestra posición en esta sociedad, si aceptamos las directrices impuestas, si simplemente nos dejamos arrastrar, lo único que está claro es que la corriente nos va a terminar convenciendo de que su cauce, es el único posible. Y sabemos, de sobra, que eso no así.

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