Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

La supuesta oposición a la subida de impuestos

irpf3Desde que el Partido Socialista ha reconocido públicamente que una de las medidas que se ve obligado a tomar para hacer frente a la crisis es la subida de impuestos, los empresarios y los economistas liberales han puesto el grito en el cielo. Una de las razones que esgrimen es la de la supuesta oposición de los ciudadanos ante las subidas de impuestos, algo que algunos economistas como Vicenç Navarro ponen en duda. En realidad, y tal y como se queja Navarro, dicha afirmación es más un mito que una verdad contrastada. Pero, sin embargo, un mito que tiene un interés crucial para los liberales.

No en vano, una de las falacias del pensamiento liberal más evidentes es la de que los impuestos son un robo del Estado. A pesar de ello, es una idea fuertemente extendida incluso por los centros académicos; de hecho, yo tenía un profesor de macroeconomía durante el último año de carrera que parecía negarse a decir “impuestos” sin acompañar al concepto de una curiosa y sencilla explicación: “…que son un robo del estado al ciuadadano“. En la última campaña electoral española pudimos escuchar también un razonamiento parecido de boca del entonces número dos del partido popular.

En realidad la idea liberal es sencilla: cuanto mayor sea el tipo impositivo que se aplique a la renta, menor renta disponible tendrá el ciudadano para hacer frente a sus deudas y/o para tomar decisiones de consumo. El corolario sale solo: las subidas de impuestos hacen al ciudadano más pobre -lo que está mal- de modo que las bajadas de impuestos lo hacen más rico -que es lo que verdaderamente está bien-. Se ahí se deduce que las subidas de impuestos perjudican políticamente, puesto que se supone que la gente prefiere ser rica a ser pobre y votará al partido que más atienda a sus preferencias.

Obviamente la realidad es mucho más compleja que esas simples ideas liberales. Y es que el salario en sentido amplio incluye no sólo el salario directo (que se ve afectado por los tipos impositivos), sino también el diferido (las pensiones) y el indirecto o social (los servicios y prestaciones públicas). Si atendemos a esta última forma de salario, nos damos cuenta inmediatamente de que para que sean posible es necesario que el Estado ingrese dinero suficiente.

Es decir, esos impuestos aplicados fundamentalmente a las rentas revierten de nuevo al ciudadano a través de una serie de servicios públicos que puede llegar a usar (caso de la sanidad) o que directamente usa (educación, infraestructuras, etc.). El ciudadano no pierde “riqueza” sino que al participar solidariamente en los mecanismos redistributivos del Estado puede incluso, según su posición social, llegar a ver incrementada su capacidad de consumo.

Esto es algo que la mayor parte de la sociedad, aunque los medios de comunicación y los economistas liberales digan lo contrario, entiende a la perfección. Los ciudadanos de las clases trabajadoras saben que sin un adecuado sistema impositivo no se mantiene el Estado del Bienestar, y son perfectamente conocedores de que sin dicho Estado del Bienestar tendrían que hacer frente a gastos mucho mayores en muchos ámbitos (educación, sanidad, infraestructuras, transportes, etc.) que acabarían por ser excesivos incluso para una renta ligeramente superior.

Vicenç Navarro afirma que si las encuestas preguntaran adecuadamente esta cuestión a los ciudadanos, éstos responderían mostrándose a favor de la subida de impuestos. Precisamente, la fundación BBVA presentó en Julio un informe en el que las respuestas no dejan lugar a dudas. Allí podemos ver, entre otras cosas, que un 58′70% de la población prefiere un nivel de impuestos altos con tal de mantener un amplio sistema de seguridad social.

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Por lo tanto, es evidente que la pregunta no debe ser acerca de si la subida de impuestos está bien vista o no, sino que para qué y cómo se realiza la misma. Porque efectivamente no es lo mismo un sistema fiscal progresivo que regresivo, de la misma forma que no es lo mismo usar los ingresos del Estado para obras de estética urbanística que para mantener o mejorar los servicios públicos.

Así pues, una política de izquierdas pasa inevitablemente por la subida de impuestos, lo que no quiere decir que subirlos sea necesariamente de izquierdas. Dependerá, como decía. En todo caso, no soy optimista al respecto de dónde irá la subida de impuestos que propondrá el PSOE. Y tengo razones para mantenerme en esta postura, pues el PSOE no ha hecho una política económica de izquierdas en ninguna de las dos legislaturas.

Entre otras muchas medidas, el gobierno socialista ha bajado los tipos impositivos, ha bajado los impuestos a los yates y a los aviones privados (poco significativo pero muy representativo), ha eliminado el Impuesto del Patrimonio, ha llevado a cabo políticas fiscales regresivas como el cheque bebé o la ayuda de los 400 euros, se ha vanagloriado de sus rebajas fiscales durante la campaña electoral (compitiendo en esto con el PP), e incluso cuando tiene que subirlos por necesidad coyuntural ha reconocido que la presión fiscal será menor que la que había con la entrada de su gobierno. Y tal vez lo mas representativo ocurrió cuando hizo el amago de subir los impuestos a los más ricos como proponía IU y finalmente se echó hacia atrás para apoyar a los partidos políticos de derechas. Un acto  tras otro de prostitución ideológica.

Salud, Amor y Rebeldía,
Alberto Garzón Espinosa

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