Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

¿Qué es una burbuja especulativa?

BurbujaSe han desplomado en bolsa las inmobiliarias, apuntan hoy los periódicos nacionales. Hemos preguntado a nuestros compañeros licenciados en Economía y LADE de la Universidad de Málaga y, para variar, ninguno nos ha sabido explicar qué es eso que llaman una burbuja financiera. Así que hemos recurrido a nuestra mascota liberal Superavit Criticus, que está claro que no se licenció en España, para que nos lo explique como él sabe.

Un activo financiero tiene un precio corriente (precio de mercado o valor de cotización) determinado por las simples leyes de oferta y demanda: cuando mayor es la demanda de acciones de una empresa y menor la oferta, su precio tiende a aumentar, y cuando menor es la demanda de acciones y mayor la oferta, su precio tiende a disminuir.

En la vida el dinero no sólo sirve para comprar, sino que también puede disponerse de él para financiar esperanzas. La esperanza de ganar más dinero, por ejemplo. Eso es lo que llamamos corrientemente especulación, y surge cuando se compra con las expectativas puestas en que el precio subirá y, por lo tanto, se podrá vender posteriormente más caro y se obtendrá así unos beneficios gratuitos.

Y se cumple. ¿Por qué? Es lo que en Ciencias Sociales se llama profecía autocumplida. Los compradores creen que el precio va a subir y compran activos en consecuencia, provocando con el aumento de la demanda que realmente el precio se eleve. Sin embargo, el precio que sube no es el precio teórico, que es el que representa el precio de activo en ausencia de especulación, sino que lo hace el precio corriente.

La burbuja surge cuando dicho precio corriente se separa del precio teórico, y se mantiene creciendo mientras dura la fe en el alza de los precios. Si no decae la confianza en la gallina de los huevos de oro, todo funciona correctamente y se pueden obtener beneficios económicos sin participar de actividades productivas. Es lo que hacemos los liberales para no trabajar o trabajar menos.

El caso es que llega un momento en el que corre el rumor de que la situación es insostenible, y se pierde la confianza en el negocio. Los grandes inversores retiran su dinero, descienden drásticamente los precios, la burbuja estalla y… ¡es la crisis! Aparece en escena el pánico y todos los inversores corren a vender sus activos lo antes posible, provocando así un descenso mayor en los precios.

Quienes logran vender antes de la crisis se hacen de oro, pero los que quedan atrapados se sumen en la ruina. Los acreedores y todos los agentes que habían financiado estas inversiones seguras se lanzan a reivindicar el desembolso de lo acordado, pero quienes tienen el deber de pagar no tienen cómo hacerlo. Suele ser el Estado quien interviene para evitar que nuestro “entretenimiento” afecte a todos, incluso a los que no han participado. En este punto todos los liberales donde decíamos digo, decimos diego; apoyamos que los totalitarios intervencionistas nos salven de la ruina total y nos den facilidades para salir del agujero.

El caso de los tulipanes

TulipánLa historia está llena de casos similares, pues la historia del capitalismo es la historia de la especulación, pero tal vez la que mejor refleja la lógica especulativa es la situación vivida en Holanda hace varios siglos.

Los tulipanes mutaron por culpa de un virus en la Europa de comienzos del siglo XVII, haciendo de esta planta una de las más hermosas del mundo. La gente comenzó a comprarlos y los precios subieron. Tanto y tan constantemente que corrió el rumor de que los tulipanes siempre subían de precio. Comprar un tulipán era una inversión maravillosa.

El sentido común desapareció y la locura especulativa se apoderó de la ciudadanía. Muchos incluso vendían bienes básicos para financiar la compra de esos tulipanes tan maravillosos. Sin embargo, el mercado empezó a revelar signos de agotamiento y algunos grandes inversores salieron del mercado vendiendo todos sus tulipanes, provocando un descenso en los precios importantísimo. El pánico había llegado. Todos querían vender tulipanes que cada vez valían menos.

Ante la crisis, el gobierno holandés tuvo que intervenir declarando nulos todos los contratos establecidos después de 1936. De nuevo, quienes vendieron antes de la crisis se felicitaron por sus negocios mientras que los que quedaron atrapados comprobaban que se encontraban en la ruina.

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