Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Paraísos fiscales

elroto-paraisos-fiscales-20081031Los paraísos fiscales desarrollan una actividad desregulada, descontrolada y ajena a las regulaciones comunes a los demás países con los que se relacionan, por estar destinados de modo especial a las empresas o a los particulares no residentes, actividad incentivada por la escasa o nula tributación. Su origen y desarrollo se entienden dentro de un marco financiero global  que responde a las exigencias de la doctrina neoliberal imperante en las últimas décadas.

 

Su existencia permite un lugar etéreo en el que desarrollar multitud de operaciones que en última instancia benefician a las grandes corporaciones, a las personas más acaudaladas, a los delincuentes financieros y no financieros, y a los terroristas. Todo aquel que quiera huir de las leyes económicas impuestas por las comunidades democráticas -en un intento por perseguir el principio de justicia-, tiene un lugar en el que cobijarse y beneficiarse sin dar explicaciones a ninguna autoridad política ni económica. Es el refugio de personas y entidades a los que sólo preocupan sus intereses económicos propios, y que nada quieren saber de las condiciones de las personas y comunidades que les rodean.

 

Los paraísos fiscales no sólo resultan beneficiosos para los tipos de sujetos que se acaba de comentar, si no que su sola existencia provoca desequilibrios y perturbaciones en un mundo globalizado en las finanzas, creando por un lado un clima de competencia feroz que obliga a los Estados nacionales a adaptarse al contexto global, lo que conlleva que su poder en política económica y fiscal se vea notablemente reducido; y facilitando, por otro lado, el desarrollo de diversos mecanismos de especulación que crean el ambiente apropiado para generar e intensificar crisis financieras como la que actualmente estamos viviendo.

 

En última instancia, ambas consecuencias resultan perniciosas para las clases populares. La pérdida de poder de los gobiernos nacionales conlleva menor recaudación fiscal que afecta al funcionamiento de las políticas públicas y presupuestarias. Como respuesta a este fenómeno, los gobiernos tienen dos opciones: trasladar las cargas fiscales desde los elementos más móviles como las inversiones financieras o la renta hasta los factores menos móviles como las nóminas y el consumo (perjudicando por lo tanto a los ciudadanos de renta media y baja) o recortar gastos en los servicios públicos o prestaciones sociales (perjudicando también a los mismos individuos, ya que son los que más se benefician de este tipo de gastos públicos).

Además, las crisis financieras agravadas por los paraísos fiscales tienen consecuencias desastrosas para la inmensa mayoría de la población, con la excepción de los individuos de rentas altas que no sólo pueden capear el temporal gracias a su alto poder adquisitivo y patrimonial, sino que muchos de ellos (los que operan en el mundo financiero) ven cómo los Estados inyectan ingentes cantidades de dinero público en el sistema financiero para salvarles el pellejo.

 

Todo ello sin comentar que los Estados actúan prácticamente presionados por las circunstancias, tomando decisiones que para nada tienen que ver con la voluntad del pueblo. La democracia queda de esta forma aplastada frente al poder del mercado financiero, que no atiende a más razones que a la del beneficio particular de determinados individuos.

 

En definitiva, la existencia de los paraísos fiscales afecta positivamente a las personas de mayor renta y afecta muy negativamente y por varios frentes a las clases populares. Un resultado que no es nuevo ni exclusivo de este asunto de los paraísos fiscales; se ha repetido constantemente a lo largo de toda la historia del ser humano y se seguirá repitiendo mientras no haya una transformación notable en las bases y principios de las sociedades capitalistas. No es de extrañar, por lo tanto, que los mayores interesados en que no se modifique el actual funcionamiento de estos centros extraterritoriales offshore sean los pertenecientes a las clases altas, que a su vez están relacionados con buena parte de la élite política mundial sobre la que influyen y condicionan, tal y como ha quedado comprobado con la inactividad de los gobiernos del G-20 sobre este tema en la actualidad, pues prometieron acabar con los paraísos fiscales con una vehemencia sorprendente y a día de hoy es visible que aquellas palabras y compromisos cayeron en saco roto.

 

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