Economía Crítica Málaga

Universidad de Málaga

Breve y sencilla explicación para entender la actual situación de los PIIGS

En este artículo se analiza el mecanismo por el cual los estados nacionales pasar a depender de los inversores financieros, se examina la evolución de la deuda y del déficit en los países denominados PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) durante los últimos años, así como las medidas llevadas a cabo para revertir su tendencia. Se concluye con una pequeña observación respecto a la eficacia y alcance de estas políticas.

Al cierre de cada año, se calculan todos los ingresos que ha obtenido un estado (gracias a impuestos, ventas de propiedades, tasas, etc) y se le restan todos los gastos que ha realizado (gasto en educación, sanidad, sueldos, etc). Si el resultado es negativo, el estado ha gastado más dinero del que ha ingresado, y por lo tanto ese año ha tenido déficit. Si el resultado es positivo, el estado ha ingresado más dinero del que ha gastado, y por lo tanto presenta superávit.

Gastar más de lo que se ingresa es sólo posible recurriendo al endeudamiento. El estado pide dinero en los mercados financieros a cambio de la promesa de devolverlo en un futuro junto con un añadido que se paga por el servicio del préstamo (los intereses). Lógicamente tendrá que devolver más dinero del que toma prestado en un principio. Esto es sostenible a largo plazo porque el estado estima que no todos los años va a presentar déficit, sino que habrá años en los que obtenga superávit y por lo tanto dispondrá de fondos suficientes para pagar su deuda.

¿Pero a quiénes les pide el dinero? Pues a todo aquel agente financiero que acuda al mercado de deuda pública. En otras palabras, a todo aquel que tenga la suficiente cantidad de dinero para poder prestarlo y que además quiera hacerlo. Estos ahorradores suelen estar interesados en prestar su dinero a los estados, puesto que al fin y al cabo hacen negocio: transcurrido un tiempo recuperarán su dinero y cobrarán los intereses, con lo cual su riqueza inicial aumentará. ¿Y quiénes son esos agentes que tienen tanto dinero como para prestarlo? Pues básicamente las entidades financieras (1), las grandes fortunas individuales, y las grandes empresas.

Queda claro entonces que son las grandes fortunas las que prestan el dinero a los estados para que éstos puedan seguir realizando su actividad. Por un lado estos prestamistas o inversores salen ganando con el negocio. Por otro lado el estado respira aliviado por el momento, confiando en que podrá devolver ese dinero más los intereses.
Sin embargo, puede ocurrir que el estado empeore su actividad económica y pase a presentar cada vez mayores déficits, y por lo tanto, mayores necesidades de endeudamiento. Los motivos de esta sacudida pueden ser muy dispares, pero la consecuencia es sólo una: el estado pasa a deber cada vez más dinero. Además, al confiar menos en la capacidad de este estado para devolver la deuda, los inversores empiezan a cobrar más intereses, y por lo tanto la deuda se incrementa todavía más, en una especie de círculo vicioso.

Pues éste es precisamente el caso de los países denominados PIIGS. A causa de su adversa evolución económica y del ataque y embestida de los  especuladores, estos países cada vez necesitaron (y necesitan) endeudarse más y pagar más por cada nueva deuda contraída (para ver una explicación de los factores que encarecen la deuda pública leer este artículo)

En el siguiente gráfico se puede observar la deuda acumulada como porcentaje del PIB para los PIIGS durante el período 2005-2010.

Como se puede comprobar, con el estallido de la crisis en 2008 estos países tuvieron que aumentar su deuda de forma vertiginosa (salvo en el caso de Italia donde el incremento fue menos desmesurado).

Pero no es sólo importante la cantidad de deuda que tienen los países sino el precio que han de pagar por ella. Es decir, importa también los intereses que soliciten los prestamistas o inversores a cambio de conceder su dinero. En el gráfico siguiente se presentan los rendimientos que ofrecen los bonos del Estado, es decir, lo que tiene que pagar cada estado a los prestamistas por obtener préstamos. Cuanto más crezcan estos rendimientos, más caro saldrá pedir préstamos y por lo tanto más rápido se incrementará la deuda.

 

Como se puede apreciar, en los últimos 24 meses todas las deudas de los países PIIGS se han encarecido. La de España e Italia no demasiado (precisamente por ello no han tenido que ser “rescatados”). La deuda de Portugal e Irlanda se incrementó notablemente durante todo 2010, aunque ha comenzado a disminuir este año. En cambio, el precio de la deuda griega no ha dejado de crecer a grandes velocidades, como consecuencia de ser el punto de mira de los especuladores y a pesar de las numerosas “ayudas” proporcionadas por el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

Dejando de momento a un lado las causas de este aumento acelerado de la deuda (para recordar las causas leer este artículo), podemos reparar en que los líderes económicos de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional anunciaron que esa tendencia no podía continuar indefinidamente, pues también los déficits de cada año seguían aumentando. Los estados no estaban ahorrando dinero, sino todo lo contrario, y no iban a poder devolver la deuda en un futuro. Entendiendo que se ponía en riesgo la estabilidad macroeconómica de la Unión Europea, el stablishment político y económico occidental presionó a estos países para que pusieran remedio a su creciente déficit. Para ello, y a pesar de que existen otras medidas para contrarrestar el déficit, empujó a los países por la vía del recorte del gasto público. Su idea era simple: al reducirse el gasto público de los países, también se reducía el déficit.

Así las cosas, los dirigentes políticos de los diferentes países comenzaron –sin rechistar– a realizar recortes en el presupuesto. Cada país actuó a un ritmo diferente: Grecia, Irlanda y Portugal terminaron realizando dolorosos planes de ajuste para poder recibir financiación del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional. En cambio, España e Italia recortaron voluntariamente gastos para “calmar a los mercados”, es decir, para contentar a los inversores y evitar nuevas oleadas de agresividad especuladora.

Para comprobar la evolución del déficit de estos países se muestra el siguiente gráfico.

En él se puede observar cómo tras los grandes deterioros del déficit originados en el estallido de la crisis, los déficits se recuperaron un poco en 2010 como resultado de los recortes del gasto (excepto en Irlanda, donde el déficit incluso creció mucho más). No obstante, cabe destacar el poco impacto relativo que han tenido sobre el déficit los numerosos y severos programas de austeridad en el resto de países. Esto se debe a la simple razón de que al contraer el gasto público se contrae también la demanda agregada de la economía, y por tanto los ingresos vía impuestos descienden también. Puesto que se reducen tanto los gastos como los ingresos, la diferencia entre ellos –el déficit– apenas se ve alterada.

En efecto, el déficit no está menguando a la velocidad adecuada a pesar de los duros recortes en el gasto público, por lo que la deuda seguirá incrementándose y estas economías pronto se encontrarán en una calle sin salida. Grecia ha sido el primer país en llegar a las puertas de ese fatídico destino. Ahora mismo se encuentra atrapada en una deuda que no desciende y una economía muy deprimida que no da señales de recuperación. La solución, sea cual sea la que se termine adoptando, tendrá grandes repercusiones negativas sobre la economía de la Eurozona.

Por lo tanto, la vía de reducir el gasto público no está sirviendo para reducir en la cuantía necesaria el déficit de los países. Pero no sólo está resultando inútil en este sentido si no que además está empujando salvajemente a miles de personas a situaciones de escasez y de pobreza inimaginables en los años anteriores a los recortes.

 

 

(1)    Aunque en realidad las entidades bancarias utilizan dinero que en teoría no es suyo, sino de los ciudadanos que depositaron sus ahorros en ellas, quienes salen beneficiados del negocio de prestar dinero a los Estados son principalmente las propias entidades. Los pequeños depositantes no ganan nada -o muy poco- con este negocio.

 

Leave a Response